He juzgado a una madre


Hace unos días en el transporte público, abordó una señora con dos niñas, una de ellas tenía entre 9 o 10 años y otra pequeña como de 4 años, la niña mayorcita encontró un asiento libre y lo ocupó, la madre y la niña pequeña se quedaron de pie junto a la puerta, la niña pequeña comenzó a llorar porque se quería sentar y la madre la regañaba y le decía que se bajarían pronto que no se iban a sentar; al ver la escena algunas personas le cedían el asiento a la madre pero ella se negaba a aceptarlo, la niña pequeña comenzaba a hacer un berrinche un poco más subido de tono y el chofer del autobús manejaba de manera muy imprudente.

Llegado un momento y antes de que la niña se tirara al suelo de berrinche, la madre le dio un golpe en la mano, lo que en México le decimos un buen manazo, fue allí cuando sentí la necesidad de  intervenir y le dije a la señora que se sentarán, que no se arriesgara a llevar a la niña así en la puerta haciendo berrinche y con el riesgo de caerse pues el autobús frenaba muy bruscamente y que no le pegara a la niña, la señora me contestó que la niña venía haciendo berrinche que por eso le pegaba, yo reaccioné y me quedé callada. Finalmente la señora se bajó del autobús con sus dos niñas en la misma parada que yo.

Si yo misma me quejo cuando algún desconocido interviene sin que se le pida ayuda, entiendo que no es fácil andar por la calle con niños y que a veces uno va muy cansado, apurado y pierdes la paciencia; me sentí muy mal de haber intervenido, en haber juzgado a esa madre en lugar de ofrecerle ayuda o simplemente dejar que ella manejara la situación como  consideraba que era mejor pues es derecho de cada madre su estilo de crianza.

Me propuse no volver a hacerlo, no volver a caer en el impulso de intervenir en situaciones en las que no hay necesidad.

Debo respetar a otras madres siempre, tal cual me gustaría que me respetaran a mí.

 

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